Cada verano, la palabra canícula reaparece en las noticias, las conversaciones familiares y las publicaciones de redes sociales. Suele describirse como una especie de bloque inevitable de cuarenta días en el que el calor alcanza su punto máximo y todos debemos prepararnos para sentirnos agotados, irritables o enfermos.
La realidad es un poco más compleja.
En términos meteorológicos, la canícula se relaciona con una disminución temporal de las lluvias durante la temporada húmeda en ciertas regiones de México. Su aparición, intensidad y duración no son idénticas todos los años ni afectan de la misma manera a todo el país. Tampoco existe una fecha exacta que funcione para todas las ciudades. De hecho, especialistas de la UNAM han advertido que no hay una sola canícula nacional y que, en varias zonas de México, los periodos más calurosos pueden presentarse desde abril o mayo.
Pero aunque algunos relatos populares sobre la canícula sean imprecisos, eso no significa que sus posibles efectos sobre la salud sean imaginarios. El calor prolongado puede afectar el funcionamiento del cuerpo, el sueño, la atención, el estado de ánimo y la convivencia. En personas vulnerables, además, puede aumentar el riesgo de deshidratación, agotamiento, accidentes, descompensaciones psiquiátricas o golpe de calor.
La clave está en evitar dos extremos: minimizar el calor como si fuera una molestia sin importancia o atribuirle cualquier cambio emocional, conflicto o síntoma extraño.
¿Qué es realmente la canícula?
La canícula, también llamada sequía intraestival, describe una reducción de las precipitaciones que puede aparecer durante parte de julio y agosto en algunas regiones tropicales y subtropicales. No es exactamente lo mismo que una ola de calor.
Una ola de calor se define por temperaturas anormalmente elevadas respecto al clima habitual de una zona durante un periodo determinado. La canícula, en cambio, está relacionada principalmente con el comportamiento estacional de las lluvias, aunque puede coincidir con días muy calurosos, cielos despejados y mayor exposición solar.
Por eso, decir que la canícula siempre dura exactamente cuarenta días o que comienza el mismo día en todo México es una simplificación. La intensidad depende de la región, las condiciones atmosféricas, la humedad, las lluvias y otros fenómenos climáticos. En algunas zonas puede ser marcada; en otras, apenas perceptible.
También es importante recordar que el peligro para la salud no depende únicamente de la temperatura que aparece en el teléfono. La humedad, la ventilación, la radiación solar, el esfuerzo físico, la ropa, el acceso al agua, la temperatura nocturna y la posibilidad de descansar en un espacio fresco cambian por completo la experiencia del calor.
Dos personas expuestas a la misma temperatura pueden enfrentar riesgos muy diferentes.

Lo que el calor hace dentro del cuerpo
El organismo intenta mantener una temperatura interna relativamente estable. Cuando el ambiente se calienta, aumenta la circulación de sangre hacia la piel y comienza la sudoración. Al evaporarse, el sudor ayuda a liberar calor.
El problema aparece cuando el ambiente es demasiado cálido o húmedo, cuando la exposición dura varias horas o cuando la persona no puede reponer suficiente agua y sales. El cuerpo debe dedicar cada vez más recursos a enfriarse, mientras el corazón trabaja con mayor intensidad y disminuye la capacidad para realizar esfuerzos físicos y mentales.
El agotamiento por calor puede incluir dolor de cabeza, náuseas, sed intensa, debilidad, mareo, irritabilidad, sudoración abundante y reducción en la cantidad de orina. Si la temperatura corporal continúa elevándose y aparece confusión, dificultad para hablar, desorientación, convulsiones o pérdida del conocimiento, puede tratarse de un golpe de calor, una emergencia médica potencialmente mortal.
Un error frecuente es pensar que una persona debe dejar de sudar para estar sufriendo un golpe de calor. Aunque la piel seca y caliente puede presentarse, algunas personas continúan sudando abundantemente. Lo más preocupante no es solo la piel, sino la alteración del estado mental.
Cuando alguien expuesto al calor comienza a comportarse de manera extraña, se desorienta, no puede responder preguntas sencillas o pierde coordinación, no conviene asumir que está ansioso, intoxicado o “haciendo drama”. Primero debe considerarse una urgencia médica.
El cerebro también trabaja más cuando hace calor
El calor intenso no “cocina” el cerebro en condiciones cotidianas, pero sí puede volver más costosas algunas funciones mentales.
Mantener la atención, resolver problemas, controlar impulsos y tomar decisiones requiere energía. Si la persona también está deshidratada, ha dormido mal, lleva varias horas incómoda o realiza actividad física, su margen de tolerancia disminuye.
Esto puede sentirse como:
- Lentitud mental.
- Dificultad para concentrarse.
- Mayor número de errores.
- Sensación de neblina mental.
- Fatiga.
- Menor motivación.
- Impaciencia.
- Respuestas emocionales más intensas.
Estos cambios no significan necesariamente que exista un daño cerebral ni un trastorno psicológico. En muchos casos son respuestas temporales al estrés térmico, la falta de sueño y el cansancio.
El riesgo aumenta cuando se insiste en mantener el mismo ritmo de trabajo, ejercicio o estudio a pesar de que el cuerpo ya muestra señales de sobrecarga. Una investigación nacional publicada en 2025 encontró que la exposición al calor elevaba el riesgo de lesiones laborales en prácticamente todas las industrias principales, lo que refuerza la importancia de adaptar horarios, pausas y exigencias durante periodos calurosos.
Dormir mal: el puente entre el calor y el estado de ánimo
Uno de los mecanismos más importantes para entender el impacto psicológico del calor es el sueño.
Para dormir, el cuerpo necesita reducir gradualmente su temperatura interna. Cuando la habitación permanece caliente durante la noche, este proceso se dificulta. La persona puede tardar más en conciliar el sueño, despertarse con frecuencia o levantarse antes de sentirse recuperada.
Un estudio que analizó más de siete millones de registros de sueño de 47,628 personas en 68 países encontró que el aumento de las temperaturas nocturnas reducía la duración del sueño. El impacto fue mayor en personas mayores, mujeres y habitantes de países con menores ingresos, grupos que podían disponer de menos recursos para enfriar su entorno.
Dormir mal una noche puede producir cansancio. Dormir mal varias noches seguidas puede afectar la memoria de trabajo, la regulación emocional, el apetito, la capacidad de concentración y el control de impulsos.
Así se crea un círculo bastante reconocible:
calor nocturno → sueño fragmentado → cansancio → irritabilidad → conflictos → mayor activación emocional → más dificultad para dormir.
Por eso, algunas personas no sienten que “el calor les afecte” durante el día, pero sí notan que están más sensibles, distraídas o reactivas después de varias noches de descanso insuficiente.
¿La canícula causa ansiedad o depresión?
No de manera directa ni automática.
La canícula no es una causa única de trastornos de ansiedad, depresión, bipolaridad o psicosis. Estos problemas son multifactoriales y dependen de elementos biológicos, psicológicos, familiares y sociales.
Lo que sí muestra la investigación es que los días extremadamente calurosos se relacionan con un aumento en la demanda de atención por problemas de salud mental.
Un estudio publicado en JAMA Psychiatry, basado en más de 3.4 millones de visitas a urgencias en Estados Unidos, encontró que los días de calor extremo estuvieron asociados con un aumento aproximado del 8 % en las visitas por cualquier problema de salud mental. También se observaron incrementos en consultas relacionadas con ansiedad y estrés, trastornos del estado de ánimo, consumo de sustancias, autolesiones y trastornos psicóticos.
Esto no significa que el calor provoque millones de nuevos trastornos. Los registros hospitalarios muestran asociaciones poblacionales, no el destino individual de cada persona.
El calor puede actuar como un factor de presión adicional. Una persona que ya se encuentra ansiosa, deprimida, privada de sueño, aislada, bajo estrés económico o con dificultades para acceder a tratamiento puede tener menos recursos para adaptarse a varios días de temperaturas elevadas.
En otras palabras, el calor no siempre inicia el problema, pero puede reducir el margen con el que alguien lo estaba sosteniendo.
Trastornos y condiciones que requieren mayor vigilancia
Trastorno bipolar
La disminución del sueño es especialmente relevante en personas con trastorno bipolar. Dormir menos no implica por sí mismo que comenzará un episodio de manía o hipomanía, pero los cambios sostenidos en el sueño pueden funcionar como una señal temprana en personas vulnerables.
Conviene vigilar si, además de dormir menos, aparecen aumento inusual de energía, aceleración del pensamiento, irritabilidad intensa, impulsividad, gastos excesivos, conductas de riesgo o una sensación de no necesitar descanso.
Esquizofrenia y otros trastornos psicóticos
Las personas con trastornos psicóticos pueden enfrentar dificultades adicionales para reconocer el peligro, modificar su ropa, buscar un espacio fresco, hidratarse o comunicar que se sienten mal.
Un estudio realizado después del evento de calor extremo de 2021 en el oeste de Canadá encontró una mayor mortalidad entre personas con esquizofrenia y analizó la participación de factores clínicos, sociales y farmacológicos. Esto no implica que los antipsicóticos deban suspenderse, sino que la prevención y el seguimiento deben reforzarse durante temperaturas extremas.
Depresión y riesgo suicida
Algunos estudios poblacionales han encontrado asociaciones entre temperaturas más altas y tasas de suicidio.
Una investigación que analizó datos de Estados Unidos y México estimó que un incremento de 1 °C en la temperatura mensual promedio se asociaba con un aumento de 0.7 % en las tasas de suicidio de condados estadounidenses y de 2.1 % en municipios mexicanos. Los propios autores señalaron que se trataba de una relación poblacional y no de una explicación completa del comportamiento suicida.
Este tipo de resultados debe comunicarse con cuidado. El calor no permite predecir quién tendrá una crisis ni sustituye una evaluación clínica. Sin embargo, sí sugiere que los servicios de salud y las redes familiares deberían aumentar la vigilancia durante periodos extremos, especialmente cuando ya existen depresión grave, consumo de sustancias, aislamiento, desesperanza o antecedentes de autolesiones.
Demencia y deterioro cognitivo
Las personas con demencia pueden olvidar beber agua, no identificar que tienen demasiado calor o ponerse varias capas de ropa. Además, ciertos problemas médicos frecuentes en la vejez reducen la capacidad de adaptación térmica.
Un cambio repentino en la orientación, el lenguaje o la conducta de una persona mayor no debe asumirse inmediatamente como “avance de la demencia”. También puede reflejar deshidratación, infección, alteraciones metabólicas, efectos de medicamentos o una enfermedad relacionada con el calor.
TDAH y tratamiento con estimulantes
No existe evidencia suficiente para decir que la canícula empeora directamente el TDAH. Sin embargo, el calor, la incomodidad y la falta de sueño pueden aumentar la distractibilidad, la inquietud y la dificultad para regular impulsos.
Además, algunos medicamentos estimulantes pueden interferir con la regulación térmica. Esto no significa que deban interrumpirse por cuenta propia, sino que es recomendable conversar con el profesional tratante si la persona trabaja al aire libre, hace ejercicio intenso o presenta síntomas durante días calurosos.
Medicamentos y calor: un riesgo poco comentado
Algunos fármacos pueden modificar la sensación de sed, la sudoración, la presión arterial, la función renal o la regulación central de la temperatura.
Entre ellos se encuentran ciertos:
- Antipsicóticos.
- Antidepresivos.
- Estimulantes.
- Anticolinérgicos.
- Antihistamínicos.
- Diuréticos.
- Betabloqueadores.
- Antiinflamatorios.
- Medicamentos para la presión arterial.
El riesgo depende del medicamento, la dosis, la combinación, la edad, las enfermedades existentes y el nivel de exposición al calor. Las recomendaciones oficiales subrayan que cualquier ajuste debe realizarse mediante una revisión individual de riesgos y beneficios.
Nunca se debe reducir, saltar o suspender una medicación psiquiátrica solo porque comenzó la temporada de calor.
Lo adecuado es elaborar con el médico un plan para días calurosos: horarios, hidratación, señales de alarma, actividad física y almacenamiento correcto del medicamento.

¿El calor vuelve agresivas a las personas?
El calor no transforma automáticamente a una persona tranquila en alguien violento. La agresión depende de múltiples factores: historia personal, contexto, consumo de sustancias, conflictos, normas sociales y oportunidades para ejercer violencia.
Sin embargo, las temperaturas elevadas pueden aumentar la irritabilidad, reducir la tolerancia a la frustración y afectar el control de impulsos, especialmente cuando se combinan con falta de sueño, hacinamiento, alcohol o estrés económico.
Una investigación publicada en enero de 2026 analizó más de 332,000 visitas hospitalarias vinculadas con violencia interpersonal o autoinfligida. Un aumento de 5 °C en el estrés térmico se asoció con incrementos de 1.5 % en visitas relacionadas con violencia interpersonal y de 3.7 % en las relacionadas con violencia autoinfligida. Los efectos fueron más notorios durante los primeros dos días posteriores al aumento térmico.
Esto describe una variación estadística, no una regla individual. La conclusión útil no es “el calor nos vuelve violentos”, sino que durante periodos extremos conviene reducir situaciones previsiblemente conflictivas, limitar el alcohol, descansar mejor y no resolver discusiones importantes cuando todos están agotados y sobrecalentados.
Efectos sociales: el calor no afecta a todos por igual
Hablar de autocuidado es necesario, pero insuficiente.
No todas las personas tienen aire acondicionado, aislamiento térmico, agua disponible, horarios flexibles o la posibilidad de suspender un trabajo físico. El impacto psicológico del calor está atravesado por la vivienda, el empleo, el transporte, la pobreza, la discapacidad y el acceso a servicios.
Para quien trabaja bajo el sol, el calor puede representar dolor, menor productividad y riesgo de accidente. Para quien vive en una habitación mal ventilada, puede significar semanas de sueño deficiente. Para una persona mayor que vive sola, puede convertirse en aislamiento y peligro médico.
El estrés térmico también modifica la vida comunitaria. Las personas salen menos, los niños pierden espacios de juego, aumenta el gasto de electricidad y algunas familias deben elegir entre enfriar la vivienda o pagar otras necesidades.
Por eso, proteger la salud mental durante el calor no es únicamente beber agua o “pensar positivo”. También implica políticas laborales, espacios públicos con sombra, centros de enfriamiento, alertas accesibles y redes para acompañar a quienes viven solos.
Mitos frecuentes sobre la canícula
Mito 1: “La canícula siempre dura cuarenta días”
Puede utilizarse como una referencia popular, pero no es una regla meteorológica exacta. Su duración e intensidad varían por región y año.
Mito 2: “Son los cuarenta días más calurosos del año”
No necesariamente. En diversas regiones mexicanas, las temperaturas máximas más intensas ocurren antes de la temporada de lluvias, durante abril, mayo o junio.
Mito 3: “El calor vuelve loca a la gente”
El calor puede afectar sueño, irritabilidad, atención y vulnerabilidades previas. No causa “locura” como una entidad única ni explica cualquier conducta extraña.
Mito 4: “Una crisis emocional durante el calor es solo psicológica”
Mareo, ansiedad, confusión, palpitaciones o agitación pueden aparecer en una crisis de pánico, pero también en deshidratación, agotamiento térmico, hipoglucemia o golpe de calor. El contexto físico siempre debe evaluarse.
Mito 5: “Tomar muchísima agua soluciona todo”
La hidratación ayuda, pero no sustituye el enfriamiento, el descanso y la reducción de la exposición. Además, beber cantidades extremas de agua en poco tiempo también puede ser peligroso. Las necesidades varían según el esfuerzo, la sudoración, la alimentación y las condiciones médicas.
Mito 6: “Una cerveza fría hidrata y ayuda a soportar el calor”
El alcohol puede favorecer la deshidratación, alterar el juicio y dificultar que la persona reconozca señales tempranas de enfermedad por calor.
¿Puede existir “histeria colectiva” durante la canícula?
El término histeria colectiva es impreciso y puede resultar estigmatizante. En salud se prefiere hablar de enfermedad psicógena colectiva o enfermedad sociogénica colectiva.
Se refiere a la propagación rápida de síntomas físicos dentro de un grupo cohesionado sin que, después de una investigación adecuada, pueda identificarse una causa orgánica, infecciosa o tóxica que explique el patrón completo.
Estos episodios pueden comenzar después de un olor extraño, una alarma ambiental, un rumor, la enfermedad visible de una primera persona o una situación de tensión. Los síntomas son reales: mareos, náuseas, dolor de cabeza, desmayos o dificultad para respirar. No se trata necesariamente de simulación.
No existe evidencia sólida de que la canícula, por sí sola, cause este fenómeno.
Sí es posible que el calor, el hacinamiento, el miedo y la observación de otras personas enfermas aumenten la activación colectiva. Pero durante una temporada calurosa sería peligroso etiquetar rápidamente un grupo de desmayos como “sugestión”.
Antes deben descartarse:
- Golpe o agotamiento por calor.
- Exposición a gases o sustancias.
- Intoxicación alimentaria.
- Infecciones.
- Mala ventilación.
- Hipoglucemia.
- Consumo de sustancias.
- Fallas en equipos o instalaciones.
La explicación psicógena solo debe considerarse después de una evaluación médica y ambiental seria.
Señales tempranas que no conviene ignorar
Algunas señales indican que es momento de detenerse, buscar un lugar fresco y reducir la actividad:
- Sed intensa.
- Dolor de cabeza.
- Mareo.
- Calambres.
- Náuseas.
- Debilidad.
- Irritabilidad inusual.
- Sudoración excesiva.
- Dificultad creciente para concentrarse.
- Orina escasa u oscura.
Se necesita atención urgente cuando aparece:
- Confusión o desorientación.
- Lenguaje extraño o dificultad para hablar.
- Conducta marcadamente desorganizada.
- Desmayo.
- Convulsiones.
- Pérdida de coordinación.
- Temperatura corporal muy elevada.
- Dificultad respiratoria.
- Imposibilidad de beber líquidos.
- Ideas suicidas, agitación extrema o síntomas psicóticos agudos.
Ante sospecha de golpe de calor, la persona debe trasladarse a un sitio fresco, retirarse ropa innecesaria, comenzar el enfriamiento con agua o paños húmedos y solicitar ayuda médica de emergencia.
Cómo proteger la salud mental y física durante la canícula
1. Organiza el día según el calor, no solo según el reloj
Las tareas exigentes, el ejercicio y los traslados largos pueden realizarse durante las horas más frescas. Adaptar el horario no es pereza: es prevención.
2. Protege el sueño
Ventila la habitación cuando la temperatura exterior disminuya, reduce fuentes de calor, utiliza ropa de cama ligera y toma una ducha templada o fresca antes de dormir.
Cuando sea posible, prioriza enfriar el espacio donde duermen niños, adultos mayores, embarazadas o personas enfermas.
3. Bebe líquidos con regularidad
No esperes a tener una sed intensa. Durante ejercicio prolongado, trabajo físico o sudoración abundante puede ser necesario reponer también electrolitos, según las condiciones y recomendaciones médicas.
4. Reduce alcohol y otras sustancias
Además de favorecer la deshidratación, pueden disminuir el juicio, alterar la percepción del riesgo y aumentar la impulsividad.
5. Haz pausas emocionales
Si notas que una conversación está escalando, detén la interacción. Enfriar el cuerpo, beber agua y descansar puede ser más útil que intentar “ganar” una discusión mientras ambos están agotados.
6. Vigila cambios respecto a tu funcionamiento habitual
Sentirse un poco más cansado es esperable. Dejar de dormir durante varios días, presentar pensamientos acelerados, sentirse perseguido, tener ideas suicidas o mostrar desorientación no debe normalizarse como “cosas del calor”.
7. Revisa tus medicamentos con un profesional
Especialmente si tomas varios medicamentos, trabajas al aire libre, tienes enfermedad renal o cardiovascular, padeces un trastorno mental grave o ya has sufrido una enfermedad por calor.
8. Cuida a quienes pueden no pedir ayuda
Mantén contacto con adultos mayores, personas con discapacidad, vecinos que viven solos y familiares con trastornos psiquiátricos graves. Una llamada diaria puede detectar a tiempo confusión, aislamiento o falta de agua.
Lo que todavía no sabemos
La relación entre calor y salud mental es consistente en numerosos estudios poblacionales, pero todavía existen preguntas importantes.
No sabemos con precisión cuánto del efecto se debe al calor directo, cuánto al sueño perdido y cuánto a factores sociales como pobreza, aislamiento, contaminación, consumo de sustancias o falta de acceso a espacios frescos.
Tampoco existe una temperatura psicológica universal a partir de la cual todas las personas comiencen a funcionar peor. La adaptación al clima local, la humedad, la edad, la salud, la vivienda y las actividades cotidianas modifican el riesgo.
Por eso, la ciencia permite hablar de probabilidades y grupos vulnerables, pero no justificar frases absolutas como “a 35 grados todos se vuelven agresivos” o “la canícula causa depresión”.
Conclusiones
La canícula no es una maldición de cuarenta días ni una explicación mágica para cualquier malestar del verano.
Es un fenómeno climático variable que puede coincidir con condiciones capaces de ejercer una presión real sobre el cuerpo y la mente. El calor prolongado puede fragmentar el sueño, reducir la concentración, aumentar el cansancio y volver más difícil la regulación emocional.
En personas con enfermedades físicas, trastornos mentales previos, tratamientos farmacológicos específicos o poco acceso a espacios frescos, el riesgo puede ser mayor.
La respuesta más útil no es alarmarse ni ignorar las señales. Es observar cambios, adaptar rutinas, proteger el sueño, reducir la exposición, sostener redes de apoyo y buscar atención cuando aparecen síntomas físicos o psicológicos graves.
Cuidarse durante la canícula no significa temerle al verano. Significa comprender que el bienestar también depende del ambiente en el que el cuerpo intenta sobrevivir, descansar y relacionarse.
¿Y ahora?
¿Durante los días calurosos has notado más irritabilidad, ansiedad, cansancio o dificultades para dormir?
Registrar cuándo aparecen los síntomas, cuánto has dormido, qué actividades realizaste y cómo te has hidratado puede ayudarte a reconocer patrones. Si los cambios son intensos, se mantienen varios días o interfieren con tu vida cotidiana, considera hablar con un profesional de la salud.
Tu malestar no tiene que ser extremo para merecer atención.
Referencias
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- Universidad Nacional Autónoma de México. ¿Realmente hace más calor en la canícula? 2025.
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- Minor, K. et al. Rising Temperatures Erode Human Sleep Globally. One Earth, 2022.
- Burke, M. et al. Higher Temperatures Increase Suicide Rates in the United States and Mexico. Nature Climate Change, 2018.
- Parks, R. M. et al. Higher Temperatures Are Associated With Increased Interpersonal and Self-Inflicted Violence-Related Medicaid Hospital Visits in the United States. Communications Sustainability, 2026.
- Centers for Disease Control and Prevention. Heat and Medications: Guidance for Clinicians. 2025.
- Centers for Disease Control and Prevention. Heat-Related Illnesses. 2026.
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- World Health Organization. Manual for Investigating Suspected Outbreaks of Illnesses of Possible Psychogenic Origin. 2021.





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