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¿Por qué olvidamos los sueños al despertar? Lo que la ciencia ya sabe

Hay una experiencia extraña que probablemente te ha ocurrido más de una vez: despiertas convencido de que acabas de vivir algo extraordinario. Recuerdas una

FenixAutor
22 sep 202614 min de lectura
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¿Por qué olvidamos los sueños al despertar? Lo que la ciencia ya sabe

Hay una experiencia extraña que probablemente te ha ocurrido más de una vez: despiertas convencido de que acabas de vivir algo extraordinario. Recuerdas una cara, una habitación, quizá una conversación imposible. El sueño parece estar ahí, completo. Luego te levantas, miras el teléfono, piensas en lo que tienes que hacer y, unos minutos después, apenas queda una imagen.

A veces ni siquiera queda eso.

Durante mucho tiempo, este fenómeno se interpretó de maneras muy distintas. Para algunas teorías antiguas, olvidar los sueños era una consecuencia de la naturaleza extraña de la experiencia onírica. En el psicoanálisis de Freud, por ejemplo, el olvido estaba relacionado con procesos de represión e inconsciencia. La neurociencia moderna plantea una pregunta diferente: ¿qué ocurre con el recuerdo de un sueño desde el momento en que aparece hasta que intentamos recuperarlo al despertar?

Y aquí aparece una de las partes más interesantes de la historia.

En 2019, un estudio publicado en Science identificó un grupo de neuronas productoras de hormona concentradora de melanina, conocidas como neuronas MCH, cuya actividad durante el sueño REM podía favorecer el olvido de determinados recuerdos dependientes del hipocampo. El hallazgo fue importante, pero no equivalía a descubrir un “botón que borra sueños”. Los experimentos se realizaron en ratones y estudiaron memoria, no relatos oníricos humanos.

La diferencia parece pequeña, pero cambia por completo la conclusión.

La ciencia tiene buenas razones para pensar que olvidar forma parte de cómo funciona la memoria durante el sueño. Todavía no puede afirmar que una población concreta de neuronas borre todos nuestros sueños para protegernos de confundirlos con la realidad.

Y quizá el misterio más fascinante sea otro: ¿por qué algunos sueños sí consiguen sobrevivir?

El cerebro no recuerda todo lo que experimenta

Tendemos a pensar en la memoria como si fuera una cámara. Algo ocurre, el cerebro lo graba y después nosotros recuperamos la grabación.

No funciona así.

Recordar implica una cadena de procesos: codificación, estabilización, consolidación y recuperación. Una experiencia puede ser vívida y, aun así, dejar una huella extremadamente débil. También puede producirse una huella, pero perderse posteriormente porque otra información interfiere con ella.

Los sueños encajan especialmente bien en este problema porque ocurren en un estado cerebral muy distinto al de la vigilia.

Además, soñar no es exclusivo del sueño REM. Las experiencias oníricas también pueden aparecer durante fases NREM, aunque sus características y frecuencia de recuerdo pueden variar. Investigaciones con despertares controlados han encontrado actividad mental con contenido de sueño en distintas fases del sueño.

Eso significa que “soñé durante la noche” y “puedo recordar mi sueño por la mañana” son dos fenómenos relacionados, pero no idénticos.

Probablemente soñamos mucho más de lo que recordamos.

Entonces, ¿qué descubrieron realmente las neuronas MCH?

El estudio de Izawa y colaboradores, publicado en Science en 2019, investigó neuronas productoras de melanin-concentrating hormone (MCH) situadas en el hipotálamo.

Estas neuronas enviaban una intensa señal hacia el hipocampo, una estructura fundamental para determinados procesos de memoria. Los investigadores manipularon artificialmente la actividad de las neuronas MCH en ratones y observaron un patrón consistente: activar estas neuronas perjudicaba determinadas tareas de memoria, mientras que inhibirlas podía mejorar la retención. Además, estimular sus terminales en el hipocampo reducía la actividad de neuronas piramidales mediante mecanismos inhibitorios.

El equipo también comprobó que una población de estas neuronas incrementaba notablemente su actividad durante el sueño REM.

Por eso la conclusión fue que las neuronas MCH activas durante REM participan en el olvido activo de recuerdos dependientes del hipocampo.

Pero aquí hay que poner un límite importante.

Los ratones no describieron sus sueños.

El experimento utilizó tareas de memoria, como reconocimiento de objetos y condicionamiento contextual. Por tanto, no permite afirmar directamente que esas neuronas sean responsables de borrar el contenido de los sueños humanos.

Es más preciso decir que la investigación descubrió un mecanismo capaz de favorecer el olvido durante REM y que ese mecanismo podría ser relevante para comprender por qué las experiencias de sueño son tan difíciles de convertir en recuerdos estables.

La diferencia entre ambas frases es exactamente la diferencia entre divulgación científica y una exageración viral.

Imagen complementaria del artículo

¿Por qué un sueño puede sentirse tan real y desaparecer tan rápido?

Una de las claves está en que la viveza de una experiencia no garantiza que vaya a almacenarse como un recuerdo duradero.

Durante REM cambia profundamente el equilibrio de los sistemas neuromoduladores del cerebro. La actividad noradrenérgica cae a niveles muy bajos, mientras que los sistemas colinérgicos permanecen muy activos. Ese contexto neuroquímico favorece una configuración cerebral distinta a la de la vigilia.

La acetilcolina, por ejemplo, participa en la activación cortical asociada con REM y en la dinámica de los circuitos implicados en atención, memoria y conciencia. La noradrenalina, por su parte, desempeña un papel importante en procesos de atención y memoria durante la vigilia y permanece notablemente reducida durante REM.

Por eso no sería correcto imaginar el sueño como una especie de vídeo que se graba normalmente y después es eliminado.

Es más parecido a esto: tu cerebro genera una experiencia compleja en un estado que no está optimizado para convertir cada fragmento de esa experiencia en un recuerdo estable y recuperable horas después.

Las neuronas MCH podrían añadir otra capa de selección.

El olvido puede ser un filtro, no un fallo

Esta idea cambia nuestra forma de entender la memoria.

Olvidar no siempre es una avería. En la investigación contemporánea, el olvido también puede producirse mediante procesos activos que reducen la persistencia de información considerada poco relevante o que disminuyen la interferencia entre recuerdos. La literatura sobre “active forgetting” describe mecanismos biológicos y cognitivos mediante los cuales el cerebro evita conservar indiscriminadamente todo lo que procesa.

Desde esta perspectiva, resulta tentador pensar que el cerebro “limpia” los sueños.

Pero hay que distinguir entre una metáfora útil y un mecanismo demostrado.

No sabemos que el cerebro haya evolucionado específicamente para borrar los sueños porque sean peligrosos, absurdos o potencialmente confundibles con la realidad. Tampoco está demostrado que olvidar sueños sea necesario para mantener una frontera psicológica entre realidad y fantasía.

Son hipótesis interesantes.

La evidencia disponible permite afirmar algo más prudente: durante el sueño existen mecanismos que modifican profundamente qué información se consolida, qué información se debilita y qué experiencias terminan siendo recuperables al despertar.

El despertar es parte de la historia

Aquí aparece una pieza que suele quedar fuera de los titulares: recordar un sueño depende también del momento y de la forma en que despiertas.

En una revisión publicada en 2025, Benjamin Stucky analizó 69 estudios de despertares realizados entre 2000 y 2024. Encontró que el método utilizado para despertar a los participantes podía modificar cuánto reportaban recordar y que también influían características individuales y el contexto en el que se producía el despertar.

Otro estudio prospectivo, publicado en 2025 en Communications Psychology, siguió a 217 adultos sanos de 18 a 70 años y observó una gran variabilidad individual en el recuerdo matutino de los sueños. Entre los factores asociados aparecieron la actitud hacia los sueños, la tendencia al mind-wandering, los patrones de sueño, la edad y la vulnerabilidad a la interferencia. También se observaron cambios de una noche a otra.

Esto ayuda a explicar algo cotidiano.

Dos personas pueden dormir durante el mismo tiempo y soñar con la misma frecuencia aproximada, pero una despertará pensando:

“Acabo de tener un sueño increíble.”

Y la otra:

“No soñé nada.”

Eso no significa necesariamente que una soñara y la otra no.

Puede significar que una consiguió recuperar la experiencia antes de que desapareciera.

Por qué el último sueño de la noche suele parecer más memorable

La tendencia a recordar más lo que ocurre cerca del despertar también tiene una explicación plausible.

Durante la última parte de la noche suele haber más episodios de REM, y además el sueño está más próximo al estado de vigilia. La transición entre ambos estados ofrece una oportunidad particularmente importante para que una experiencia onírica sea recuperada y verbalizada.

Pero tampoco aquí existe una regla absoluta.

Los estudios muestran que el recuerdo depende de múltiples variables, no solamente de “haber soñado en REM”. De hecho, investigaciones experimentales han encontrado diferencias en el recuerdo relacionadas con patrones específicos de actividad cerebral y con la intensidad de las activaciones cercanas al despertar.

Una interrupción breve, una mayor activación al despertar o simplemente prestar atención al contenido recién experimentado pueden marcar la diferencia entre conservar una escena y perderla.

Los “grandes recordadores” de sueños nos dan otra pista

Quizá una de las preguntas más interesantes no sea por qué casi todos olvidamos sueños, sino por qué algunas personas recuerdan muchos más que otras.

La investigación neurocientífica lleva años encontrando diferencias entre personas con alta y baja frecuencia de recuerdo onírico. Los llamados high dream recallers han mostrado, en distintos estudios, patrones diferentes de actividad y reactividad cerebral, además de una mayor presencia de despertares o microdespertares durante el sueño en algunos experimentos.

Esto tiene una consecuencia psicológica interesante.

Recordar sueños no parece depender únicamente de cuánto sueñas. También depende de qué ocurre alrededor de la experiencia, de cómo tu cerebro procesa la transición sueño-vigilia y de cuánto interfiere la información posterior.

Dicho de otra manera: quizá no seas una persona que “sueña más”.

Tal vez eres una persona cuyo cerebro pierde menos rápidamente el rastro de lo que soñó.

Imagen complementaria del artículo

Y el hipocampo, ¿qué papel juega realmente?

El hipocampo no es simplemente una “carpeta donde se guardan los recuerdos”.

Participa en la formación y recuperación de recuerdos episódicos y también está relacionado con la construcción de experiencias que contienen contexto, lugares, acontecimientos y relaciones temporales.

Eso ayuda a explicar por qué las investigaciones sobre sueños y memoria encuentran una conexión tan estrecha con esta estructura.

En 2020, un estudio con personas que tenían daño bilateral del hipocampo observó que seguían teniendo experiencias oníricas, pero reportaban menos sueños y con menor riqueza episódica y de contenido que los controles. Los autores concluyeron que un hipocampo sano parece ser importante tanto para determinados aspectos de la memoria como para la riqueza de la experiencia onírica.

Este resultado es importante porque impide contar una historia demasiado simple.

El hipocampo no parece ser únicamente el lugar donde un sueño “se guarda” o “se borra”.

Forma parte de una red mucho más compleja en la que se construyen, integran y recuperan experiencias.

La ciencia de 2026 está haciendo una pregunta todavía más ambiciosa

El campo no se ha detenido en intentar averiguar por qué olvidamos.

En 2026, investigadores publicaron en Neuron un sistema basado en aprendizaje automático capaz de interpretar información semántica relacionada con la reactivación de recuerdos durante el sueño mediante EEG. El estudio incluyó datos de 135 participantes, unas 1,000 horas de sueño y 400 horas de vigilia. El sistema consiguió identificar determinadas categorías semánticas durante el sueño, especialmente en NREM, y sus resultados se relacionaron con el rendimiento posterior de memoria.

Eso no significa que ya podamos “grabar sueños” como si fueran películas.

Significa algo más interesante: estamos empezando a desarrollar herramientas capaces de detectar qué tipos de contenido relacionado con la memoria está procesando el cerebro dormido.

Mientras tanto, un trabajo publicado en Communications Biology en marzo de 2026 propuso el modelo MÖBIUS, una hipótesis que intenta explicar por qué determinados sueños excepcionalmente vívidos pueden quedar vinculados a recuerdos autobiográficos y producir confusión entre sueño y experiencia. Sus autores presentan este mecanismo como un modelo teórico basado en la convergencia entre neuromodulación, procesamiento hipocampal y dinámica oscilatoria, no como un mecanismo ya demostrado en humanos.

Eso resume bastante bien el estado actual de la ciencia del sueño:

cada vez entendemos mejor los mecanismos, pero todavía estamos lejos de tener una explicación única.

Entonces, ¿qué deberíamos concluir?

Olvidar un sueño no es, por sí mismo, una señal de que tu memoria esté fallando.

De hecho, que un sueño desaparezca rápidamente parece ser una consecuencia esperable de la particular forma en que el cerebro procesa información durante el sueño y durante la transición hacia la vigilia. La investigación sobre neuronas MCH aporta una pieza relevante al mostrar que ciertas células pueden favorecer activamente el olvido de recuerdos dependientes del hipocampo durante REM.

Pero todavía no podemos decir que hayamos encontrado “las neuronas que borran nuestros sueños”.

La evidencia actual apunta a una historia más compleja: el sueño genera experiencias, el cerebro regula qué información se consolida y el despertar determina en gran medida qué parte de esa experiencia logra sobrevivir como recuerdo.

Por eso ese sueño tan vívido puede sentirse real a las 7:00 y parecer completamente ajeno a las 7:05.

No necesariamente porque tu cerebro haya cometido un error.

Puede ser, simplemente, que la experiencia nunca llegó a convertirse en un recuerdo estable.

Y quizá esa sea la parte más fascinante de todas: la memoria no solo depende de lo que vivimos.

También depende de lo que nuestro cerebro decide no conservar.

Una pequeña forma de recordar más tus sueños

Para quien disfruta recordar sus sueños, la evidencia disponible sugiere que merece la pena prestar atención al momento del despertar.

Evita levantarte inmediatamente para revisar mensajes o empezar a resolver pendientes. Quédate quieto unos instantes y trata de recuperar primero una imagen, una emoción, una persona o un lugar. Después anótalo, aunque solo sean tres palabras.

No necesitas reconstruir una historia completa.

A veces, recordar una pequeña pieza es suficiente para que aparezca el resto.

Conclusiones

La idea de que el cerebro tiene un “borrador automático de sueños” es una metáfora atractiva, pero la ciencia actual exige algo más de precisión.

Las neuronas MCH son una pieza real de la neurobiología del sueño y del olvido. El problema es que el famoso estudio que las relacionó con el olvido fue publicado en Science en 2019, se realizó en ratones y estudió memoria dependiente del hipocampo, no el recuerdo subjetivo de sueños humanos.

La investigación posterior sugiere que recordar sueños depende de una combinación de procesos: fisiología del sueño, actividad cerebral cercana al despertar, susceptibilidad a la interferencia, características individuales y probablemente mecanismos de memoria que todavía no entendemos por completo.

Así que el misterio no está del todo resuelto.

Pero cada vez está mejor delimitado.

Y quizá la pregunta más interesante ya no sea “¿por qué olvido mis sueños?”, sino:

“¿Qué hace que uno de ellos consiga sobrevivir?”

¿Y ahora?

¿Te ha pasado que un sueño parecía completamente real y desapareció en cuestión de minutos?

Puedes empezar a observar ese fenómeno desde otra perspectiva: no solo como una curiosidad nocturna, sino como una pequeña ventana hacia la forma en que tu cerebro construye, filtra y conserva recuerdos.

En Fenix, la educación psicológica también parte de esta idea: entender lo que ocurre dentro de nuestra mente puede ayudarnos a relacionarnos con nuestras experiencias cotidianas con más curiosidad y menos miedo.

Referencias científicas

1. Izawa, S., Chowdhury, S., Miyazaki, T., et al. (2019). REM sleep-active MCH neurons are involved in forgetting hippocampus-dependent memories. Science, 365(6459), 1308–1313. DOI: 10.1126/science.aax9238.

2. Elce, V., et al. (2025). The individual determinants of morning dream recall. Communications Psychology, 3, 25. Estudio prospectivo de 217 adultos.

3. Stucky, B. (2025). We are the Sensors of Consciousness! A Review and Analysis on How Awakenings During Sleep Influence Dream Recall. Nature and Science of Sleep, 17, 709–729. Revisión de 69 estudios de despertares.

4. Spanò, G., Pizzamiglio, G., McCormick, C., et al. (2020). Dreaming with hippocampal damage. eLife, 9, e56211. DOI: 10.7554/eLife.56211.

5. Siclari, F., et al. (2018). Dreaming in NREM Sleep: A High-Density EEG Study of Slow Waves and Spindles. Journal of Neuroscience.

6. Fawcett, J. M., Taylor, T. L., Megla, E., & Maxcey, A. S. (2024). Active intentional and unintentional forgetting in the laboratory and everyday life. Nature Reviews Psychology, 3, 652–664.

7. Chen, Z., Zheng, H., Zhou, J., et al. (2026). Interpreting human sleep activity through neural contrastive learning. Neuron, 114, 3175–3189.e8. DOI: 10.1016/j.neuron.2026.03.028.

8. Rosenzweig, I. (2026). When dreams feel real: the MÖBIUS model. Communications Biology, 9, 412.

9. Cabello Cuevas, E. D., Reyna Palacios, S. A., & Rivera Morales, M. T. (2026). Mientras dormimos: lo que la ciencia descubrió sobre los sueños. Revista Digital Universitaria, 27(2). DOI: 10.22201/ceide.16076079e.2026.27.2.3.

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