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Déficit de atención: qué hay detrás del mito y cómo entenderlo mejor

13 de julio: una fecha para mirar más allá de los estereotiposCada año, alrededor del 13 de julio, distintas organizaciones, profesionales de la salud y

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14 jul 20268 min de lectura
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Déficit de atención: qué hay detrás del mito y cómo entenderlo mejor

13 de julio: una fecha para mirar más allá de los estereotipos

Cada año, alrededor del 13 de julio, distintas organizaciones, profesionales de la salud y comunidades de pacientes aprovechan la fecha para hablar sobre el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) y generar mayor conciencia sobre una condición que continúa rodeada de mitos, estigmas y desinformación.

Aunque el nombre clínico incluye la palabra hiperactividad, muchas personas viven el trastorno sin mostrar esa inquietud física que la mayoría imagina. Por eso, a lo largo de este artículo utilizaremos con frecuencia el término déficit de atención, ya que es la forma en que la mayoría de las personas lo conoce y busca información. Sin embargo, es importante recordar que nos referimos al TDAH en sus distintas presentaciones, no únicamente a quienes son hiperactivos.

Y quizá ahí comienza uno de los mayores problemas.

Durante décadas se ha reducido el TDAH a frases como "es muy inquieto", "no pone atención" o "solo necesita disciplina". Sin embargo, detrás de esos comentarios suele existir una realidad mucho más compleja: personas que, desde la infancia o incluso hasta la adultez, han vivido sintiendo que hacen un esfuerzo enorme para realizar tareas que para otros parecen sencillas.

Hablar del TDAH no es poner una etiqueta ni justificar cualquier comportamiento. Es entender que existen diferencias en la forma en que el cerebro regula procesos como la atención, la impulsividad, la organización y la planificación. Comprender esto no solo ayuda a quienes viven con el trastorno; también nos invita a construir entornos más empáticos y menos llenos de prejuicios.

El mayor mito: pensar que el TDAH significa "no poner atención"

Si hubiera que elegir una sola idea equivocada sobre el déficit de atención, probablemente sería esta.

Las personas con TDAH sí pueden prestar atención. En ocasiones, incluso pueden hacerlo durante horas. El problema no suele ser la ausencia de atención, sino la dificultad para regularla.

La psicología y las neurociencias describen el TDAH como una alteración en los mecanismos que permiten dirigir, mantener o cambiar el foco de atención según las demandas del entorno. Dicho de otra forma, no es que la atención no exista; es que funciona con un "acelerador" y un "freno" que no siempre responden de manera predecible.

Esto explica por qué una persona puede olvidar constantemente una tarea doméstica, pero pasar horas completamente concentrada en un videojuego, un libro o un proyecto que despierta un enorme interés. A este fenómeno se le conoce como hiperfoco, y lejos de contradecir el diagnóstico, forma parte de la experiencia de muchas personas con TDAH.

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No todo es distracción: el verdadero desafío está en las funciones ejecutivas

En los últimos años, los especialistas han puesto cada vez más atención en un aspecto que suele pasar desapercibido: las funciones ejecutivas.

Estas habilidades permiten organizar el tiempo, priorizar tareas, iniciar actividades, controlar impulsos, planificar objetivos, recordar información importante y adaptarse a cambios inesperados.

Cuando estas funciones presentan dificultades, el impacto va mucho más allá del salón de clases.

Puede sentirse como:

  • saber exactamente qué hay que hacer, pero no lograr empezar;
  • iniciar muchas actividades y terminar pocas;
  • perder constantemente objetos importantes;
  • subestimar el tiempo necesario para completar una tarea;
  • olvidar citas, pagos o compromisos;
  • sentir que la mente cambia de tema antes de terminar una idea.

Desde fuera, estas conductas pueden parecer desinterés, irresponsabilidad o falta de compromiso. Desde dentro, muchas personas describen una sensación muy distinta: la frustración de querer hacer las cosas bien y no entender por qué resulta tan difícil mantener el rumbo.

"Pero si es muy inteligente..."

Otra frase frecuente.

El TDAH no está relacionado con la inteligencia.

Existen personas con un alto rendimiento académico que conviven con el trastorno, al igual que otras que presentan importantes dificultades escolares. La diferencia suele estar en cuánto esfuerzo requiere organizarse, sostener la atención o administrar el tiempo, no en la capacidad intelectual.

De hecho, muchas personas reciben este tipo de comentarios durante años:

  • "Tienes mucho potencial."
  • "Si te esforzaras más..."
  • "Eres inteligente, pero muy distraído."

Aunque puedan parecer frases motivadoras, con el tiempo terminan enviando un mensaje doloroso: que todo depende de la voluntad. Cuando los resultados no llegan, aparece la culpa.

El costo invisible: crecer pensando que eres flojo

Quizá uno de los efectos menos visibles del TDAH no está en la atención, sino en la autoestima.

Muchos adultos diagnosticados recuerdan una infancia llena de etiquetas.

  • Desordenado.
  • Flojo.
  • Problemático.
  • Distraído.
  • Inmaduro.

Con el paso de los años, esas palabras dejan de venir únicamente de otras personas y comienzan a formar parte del diálogo interno.

No es raro que quienes viven con TDAH desarrollen ansiedad, síntomas depresivos o una sensación constante de estar "quedándose atrás". No porque el trastorno provoque directamente estos problemas, sino porque pasar años sintiendo que uno nunca cumple con las expectativas puede resultar profundamente desgastante.

Por eso, recibir un diagnóstico adecuado suele representar mucho más que ponerle nombre a una condición. Para muchas personas significa comprender una historia completa desde otra perspectiva.

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¿Las redes sociales están ayudando o confundiendo?

En plataformas como TikTok, Instagram o YouTube es cada vez más común encontrar videos que enumeran supuestas señales de TDAH en menos de un minuto.

Esto ha tenido efectos positivos.

Más personas conocen el tema.

Se habla con menos estigma.

Algunas encuentran información que las impulsa a buscar ayuda profesional.

Pero también existen riesgos.

El comportamiento humano es complejo. Sentirse distraído durante una época de estrés, dormir poco, vivir ansiedad, experimentar agotamiento o pasar demasiadas horas frente a pantallas puede parecerse a algunos síntomas del TDAH sin que necesariamente exista el trastorno.

Identificarse con un video no equivale a recibir un diagnóstico.

Del mismo modo, no identificarse con todos los ejemplos tampoco significa que el TDAH pueda descartarse.

La evaluación profesional sigue siendo la mejor herramienta para comprender qué está ocurriendo.

El TDAH no desaparece cuando termina la infancia

Durante mucho tiempo se creyó que el déficit de atención era un problema exclusivo de niños.

Hoy sabemos que no es así.

En muchas personas, los síntomas continúan durante la adolescencia y la adultez, aunque cambian de forma.

La hiperactividad visible puede transformarse en inquietud mental.

Las dificultades escolares pueden convertirse en problemas para organizar el trabajo, administrar el dinero, cumplir horarios o sostener relaciones personales.

Incluso hay adultos que reciben un diagnóstico después de que uno de sus hijos es evaluado. Mientras acompañan ese proceso, descubren que muchas de las experiencias descritas también forman parte de su propia historia.

Comprender no significa justificar

Hablar de salud mental siempre implica encontrar un equilibrio.

Entender el TDAH no significa pensar que cualquier olvido, distracción o impulsividad debe atribuirse automáticamente al diagnóstico.

Tampoco significa eliminar la responsabilidad personal.

Significa reconocer que algunas personas enfrentan desafíos adicionales para organizar su comportamiento y que, con apoyos adecuados, estrategias personalizadas y, cuando corresponde, tratamiento profesional, pueden desarrollar una vida plenamente funcional.

La evidencia científica muestra que las intervenciones psicológicas, el acompañamiento familiar, las adaptaciones educativas y, en algunos casos, el tratamiento farmacológico forman parte de un abordaje integral que debe individualizarse según las necesidades de cada persona.

No existe una única solución, ni todas las personas requieren exactamente el mismo camino.

Más allá del diagnóstico, una invitación a mirar diferente

Cada 13 de julio ofrece una oportunidad para recordar que detrás del término "déficit de atención" hay millones de historias distintas.

Hay niñas que nunca fueron diagnosticadas porque no interrumpían la clase.

Hay adolescentes que crecieron creyendo que eran perezosos.

Hay adultos que descubrieron demasiado tarde que aquello que siempre llamaron "caos" tenía una explicación.

Y también hay familias, maestros y amigos que, con información adecuada, pueden convertirse en una parte importante del apoyo.

Quizá la mayor enseñanza del TDAH no sea únicamente comprender cómo funciona la atención.

Tal vez sea aprender que las personas no siempre experimentan el mundo de la misma manera.

Cuando dejamos de interpretar las diferencias como falta de interés, mala educación o poca voluntad, damos un paso hacia una sociedad más informada, más empática y menos dispuesta a juzgar antes de comprender.

Conclusión

El TDAH sigue siendo una de las condiciones del neurodesarrollo más conocidas y, al mismo tiempo, más malinterpretadas. La desinformación puede llevar tanto a minimizar las dificultades reales como a simplificar en exceso un diagnóstico complejo.

Hablar del tema con evidencia, sin estigmas y desde una perspectiva humana permite reconocer que detrás de cada etiqueta hay una persona con fortalezas, retos y una forma particular de relacionarse con el mundo. La conciencia comienza cuando dejamos de reducir el TDAH a un estereotipo y empezamos a escuchar las experiencias de quienes lo viven.

¿Y ahora?

Ahora es momento de que tu participes y nos cuentes sobre experiencias con personas que tengan esta geniales características o incluso tu mismo o tu misma las tienen y no se habían dado cuenta. Parte de esto es la desinformación, el estigma, estereotipos o presión social que limitan a las personas a mostrarse como son y genera que tampoco ellos mismos se conozcan y puedan enfocar todo su potencial. Déjanos un comentario, compartelo con quien crees que le pudiera interesar y regálanos un like.

Referencias

  • American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (5th ed., text rev.; DSM-5-TR).
  • Barkley, R. A. (2023). Taking Charge of ADHD (5th ed.).
  • Faraone, S. V., et al. (2021). The World Federation of ADHD International Consensus Statement. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 128, 789–818.
  • National Institute of Mental Health (NIMH). Attention-Deficit/Hyperactivity Disorder.
  • World Health Organization. International Classification of Diseases 11th Revision (ICD-11).
  • Centers for Disease Control and Prevention (CDC). Attention-Deficit / Hyperactivity Disorder (ADHD).
  • Sonuga-Barke, E. J. S., et al. (2023). Advances in understanding ADHD across the lifespan. The Lancet Psychiatry.
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